Ad finem. Anxo do Rego

ef.: 150022  – Relatos sNN
Expedientes archivados

AD FINEM

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Era la primera vez que como periodista me disponía a entrevistar a un famoso personaje. Hasta ese momento Julen Carracedo estuvo evitando dar respuesta a cuantas peticiones le formulé. Daba la impresión de no tener interés alguno en atenderme. Sus anteriores entrevistas las concedió a emisoras de televisión, radio y periódicos más importantes, tanto nacionales como extranjeras.

Su fama y notoriedad obedecía al hecho de  haber permanecido en prisión durante más de ocho años, acusado de asesinato múltiple. Cuando fue puesto en libertad, tras verificar con más detenimiento las pruebas aportadas por la acusación particular, mereció que la Fiscalía se interesara por el asunto y posteriormente la Administración de Justicia, de mutuo propio, le concediera una importante indemnización con el fin de que evitara airear a todos los medios de comunicación,  la falta de rigor de algunos miembros de la judicatura. Aquellos que anteponen su particular moral y manera de interpretar las leyes creyéndose dotados de ciencia infusa. Fue entonces cuando saltó a los titulares de las primeras páginas y los enunciados de los noticiarios de televisión y radio.

Ese hombre, ahora libre, no disponía de tanto tiempo como tuvo en prisión. Ahora le faltaba. Demasiadas solicitudes para dar conferencias y conceder entrevistas. Además de escribir sus últimas vivencias en un voluminoso libro que presentaría más tarde a la sociedad.

Desde prisión consiguió editar dos compendios de crítica judicial, análisis de la situación carcelaria y algunos datos que escocieron a la Judicatura. Estando allí aprovechó para dotarse de conocimientos legales para conformarse en coadyuvantes y apoyos a las acciones conducentes a su liberación. Para ello creó desde la cárcel, una serie de asociaciones indispensables para conseguir, sino la libertad, si la reducción de condena de un importante número de individuos, que como él, estuvieron desprovistos de ella por un error, o varios, provocados por otros seres llamados jueces y a quienes nadie parece poder juzgarlos, aunque si sancionarlos económicamente de manera ridícula creando desavenencias y un importante malestar social. No era preciso adverarlo más, pues la prensa diaria daba cuenta de ello.

Para seguir leyendo el relato, pulsar sobre  Ad Finem

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